Geopolítica

Multilateralismo en jaque y un mundo fragmentado

La 80ª Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (UNGA80) cerró con sensaciones preocupantes al ser evidente que el multilateralismo atraviesa una de las crisis más profundas desde su fundación en 1945.

El escenario al que cada año acuden los líderes del mundo mostró fisuras por todas partes, aunque sí hubo unidad casi plena en el aislamiento diplomático de Israel por su accionar en Gaza y Cisjordania. EE.UU. bajo el liderazgo de Donald Trump, reafirmó la visión unilateral que siempre le
ha caracterizado, agravado al punto de cuestionar la utilidad de una ONU que se construyó, casi por completo, a su medida y necesidad como una de las potencias vencedoras de la II Guerra Mundial.

Europa, en cambio, se nota dividida y atrapada en su dilema existencial; mientras que China consolida su liderazgo entre los países del sur global. Al mismo tiempo, Estados pivote como Venezuela y Ucrania están bajo la presión constante de las potencias dominantes.

 

La cita en Nueva York, lejos de ser el espacio de consenso al que todos aspiramos, se convirtió en espejo de las tensiones que resquebrajan al frágil orden internacional.

Aislamiento Diplomático

El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, llegó a la Asamblea en medio de las denuncias por violaciones al derecho humanitario en Gaza y el temor mundial a que su gobierno se lance a la anexión total de Cisjordania.

Las imágenes de destrucción, hambre y muerte; las acusaciones de crímenes de guerra y la orden de captura emitida en su contra por la Corte Penal Internacional, alimentaron el clima de aislamiento diplomático que sigue erosionando la imagen internacional de Israel.

 

Aunque EE.UU. mantiene su respaldo incondicional a Tel Aviv, la mayoría de los países exigieron un alto al fuego inmediato, acceso de la ayuda humanitaria, el cese de los asesinatos de civiles y una solución política sobre la base de la creación del Estado palestino que ya es reconocido por 151 naciones.
La narrativa israelí de “guerra contra el terrorismo” se vio contrarrestada por resoluciones de la Asamblea que, aunque simbólicas, reflejan el desgaste diplomático de Tel Aviv. Nunca antes el distanciamiento de Israel con la comunidad internacional había sido tan visible, al punto de obligar a Netanyahu a evitar el espacio aéreo europeo para no arriesgarse a ser detenido.

EE.UU. Contra el mundo

El discurso del presidente de EE.UU., Donald Trump, fue un manifiesto de la contradictoria agenda “America First”, trasladada sin maquillaje al escenario multilateral. Trump acusó a la ONU de ser “ineficiente, costosa e inoperante” pese a que su presupuesto anual es ínfimo ante el gasto militar estadounidense, y pese a que es el uso del estadounidense lo que paraliza el accionar de la ONU.

Aun así, Trump defendió su idea de que las relaciones internacionales, para su país, funcionan mejor basados en el uso de la fuerza y los acuerdos bilaterales. Su mensaje fue claro, aunque no sorpresivo: Washington no está dispuesto a someterse a las reglas de un orden multilateral que considera contrario a sus intereses. Lo que explica la política exterior de Washington basada en paralizar a la ONU, bloquear resoluciones que lo incomoden y reforzar alianzas militares y comerciales que le garanticen control directo sobre las decisiones de otros estados “soberanos”. Esta postura profundiza el aislamiento de EE.UU. en la ONU y evidencia su vocación por condicionar Aliados estratégicos y amenazar o ejercer coerción sobre sus rivales.

Europa atrapada

Los países de la Unión Europea llegaron a Nueva York con la intención de defender el orden internacional basado en las normas que ellos mismos se dieron y que por 80 años les permitió consolidarse como potencias.

Sin embargo, la guerra en Ucrania, su postura hacia Rusia y la crisis energética que de ella se deriva, así como su dependencia del liderazgo estadounidense en la OTAN condicionan a una Europa llena de contradicciones.

La presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, evitó confrontar a Washington pero su discurso en defensa del multilateralismo perdió fuerza al alinearse automáticamente en temas de seguridad. La contradicción es evidente: Europa necesita a EE.UU. para su defensa, pero necesita a la ONU para sostener el derecho internacional y defenderse, en caso de ser necesario, de sus propios aliados. Este dilema explica por qué el bloque europeo aparece cada vez más debilitado como actor autónomo en la escena global y los Estados miembro actúan, cada vez más, de manera independiente.

Líder del sur global

En contraste, China aprovechó para reforzar liderazgo en el sur global, al reafirmar el “valor irremplazable de la ONU” como órgano universal que debe fortalecerse y no debilitarse. También señaló que el mundo carece de orden no porque la ONU esté obsoleta, sino porque sus propósitos y principios están siendo vulnerados y distorsionados, una evidente referencia a los desmanes internacionales que Occidente ha cometido o protegido en los que va de este siglo XXI.

De hecho, el discurso chino se centró en la necesidad de un orden multipolar, en el respeto a la soberanía de los Estados y en la crítica al intervencionismo. Ese mensaje resonó en aquellos países que ven a China como alternativa a la hegemonía estadounidense, y Pekín les dio más razones al afirmar que seguirá profundizando su cooperación con la ONU y los Estados miembros para “con responsabilizarse en el mantenimiento de la paz mundial y promover el desarrollo socioeconómico”.


Además, la consolidación de China como potencia tecnológica mundial, con liderazgo en inteligencia artificial, telecomunicaciones y energías renovables, refuerza su papel de actor indispensable en el nuevo orden global, para el cual sigue avanzando en su política de cooperación Sur-Sur y financiamiento para la infraestructura a través de la Franja y la Ruta.

Bajo presión

Tres países son, actualmente, símbolos de cómo las grandes potencias presionan a los Estados pivote para acomodarlos a sus intereses: Ucrania: centro de la disputa geopolítica más candente en Europa, se presenta en la ONU como víctima de agresión al tiempo que es el detonante de la tensión entre Rusia y la OTAN y presiona sin cesar a Europa para que le suministre armas y recursos para la guerra. Palestina: es el epicentro ético y político de la fractura del orden internacional presente.

Su histórico reclamo de reconocimiento pleno en la ONU, pendiente desde 1948, volvió a ganar fuerza por la brutalidad de la agresión israelí en Gaza. Nuevamente, la causa palestina moviliza al mundo y tensa las relaciones entre Occidente y Oriente Medio, incluido el propio Israel, alejado ahora de históricos aliados como Francia y España. Venezuela: objeto de amenaza militar y sanciones estadounidenses, es foco de atención por sus recursos energéticos y las acusaciones de Washington por el tema del narcotráfico. Es pieza clave en la seguridad energética, y socio estratégico de Rusia y
China.

Petro directo

Uno de los momentos más álgidos de esta Asamblea General de la ONU fue el discurso del presidente de Colombia. Gustavo Petro insistió en que el narcotráfico es un problema global y pidió un cambio en las políticas internacionales que hasta ahora ha privilegiado la represión sobre las soluciones sociales.

Petro vinculó además la crisis climática y el narcotráfico, argumentando que la deforestación, la degradación ambiental, la contaminación de los ríos y la economía ilegal están conectadas en un mismo circuito de violencia y destrucción. Señaló que quienes se lucran del tráfico de drogas no son los campesinos que siembran la hoja de coca y no están en los países empobrecidos, sino en ciudades como París, Nueva York, Miami, Dubái y Madrid, donde residen los jefes mundiales del tráfico de drogas.

Sobre Gaza, Colombia se alineó con los países que piden una acción global urgente. La defensa de los derechos humanos y la denuncia del doble rasero de la comunidad internacional, “capaz de reaccionar con firmeza en Ucrania pero pasiva en Palestina”, marcó la diferencia al tener el atrevimiento de llamar a conformar una “fuerza militar mundial que libere a Gaza, que nazca de la votación de la Asamblea General de la ONU y no del Consejo de Seguridad”. Petro tuvo la osadía de hacer este llamado en las calles de la Gran Manzana, por lo que Estados Unidos le retiró la visa para volver a ese país.

Mundo fragmentado

La 80ª Asamblea General de la ONU dejó una fotografía clara de un orden multilateral en crisis, con unos EE.UU. que avanzan en su agenda unilateral, un Estado de Israel cada vez más aislado, una Europa atrapada en su dilema estratégico, una China que se consolida como potencia del sur global, y con Ucrania y Venezuela en el centro de las disputas del poder.

Mientras tanto, más de 2 millones de palestinos, mujeres y niños en su mayoría, intentan salvar sus vidas ante la impotencia de la gran mayoría del mundo que no sabe qué hacer para salvarlos. Es inocultable que la organización concebida por la humanidad para la paz y la cooperación, tras siglos y milenios de guerras y destrucción y hasta genocidios, está en jaque, y el deber de todos los que creemos en un mundo mejor es defenderla, porque este mundo que quedó al descubierto en Nueva York luce tan fragmentado, polarizado e incierto como lo estaba en el aciago año de 1945 en que nació la ONU.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *