En el contexto global actual, marcado por el giro aislacionista y proteccionista del gobierno estadounidense que se declara, además, escéptico del calentamiento global y el cambio climático, República Dominicana y los demás países del Caribe enfrentan retos urgentes para garantizar la sostenibilidad de su modelo de desarrollo.
Uno de los sectores con mayor huella climática y ambiental, la industria del cemento y la construcción destaca por su consumo intensivos de recursos naturales, energía y emisiones de gases contaminantes y de efecto invernadero.
Esta industria, que va desde la producción de cemento hasta la operación de edificaciones residenciales y comerciales, es responsable de una parte considerable de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), además de generar impactos en la calidad del aire, el uso del suelo y la gestión de residuos.
Industria cementera
El cemento es el segundo material más consumido del planeta después del agua. Sin embargo, pocos conocen su elevado impacto climático. Según el reporte de la Agencia Internacional de Energía (AIE) Technology Roadmap: Low-Carbon Transition in the Cement Industry (2018), la producción de cemento representa aproximadamente el 8% de las emisiones globales de CO2, debido principalmente a dos factores: la calcinación del carbonato de calcio (una reacción química que libera grandes cantidades de dióxido de carbono) y el consumo intensivo de combustibles fósiles en los hornos de producción.
En República Dominicana la construcción está en auge por el crecimiento urbano y el desarrollo turístico, por ello, la industria cementera tiene un rol clave en los esfuerzos por reducir las emisiones nacionales de gases de efecto invernadero. En ese sentido, es evidente que la dependencia de cemento tradicional, con tecnologías poco eficientes y combustibles como el carbón o el coque de petróleo, agrava este impacto.
No obstante, existen oportunidades claras de mejora: el uso de materiales alternativos como el cemento de bajo contenido de clínker, la sustitución de combustibles fósiles por residuos agrícolas o biogas, y la adopción de tecnologías de captura y almacenamiento de carbono (CCUS) podrían reducir drásticamente las emisiones del sector sin comprometer su capacidad de producción.
En República Dominicana, los líderes de la industria cementera ya han identificado iniciativas para revalorizar y aprovechar los residuos sólidos como fuente de energía, así como reducir el contenido de clincker y darle más protagonismo a las fuentes de energía renovables.
El objetivo, según ha confirmado la directora ejecutiva de la Asociación Dominicana de Empresas Productoras de Cemento (Adocem), Julissa Báez, es reducir drásticamente y hasta erradicar, de ser posible, las emisiones de gases de efecto invernadero en la industria cementera.
Desde el gobierno y con el apoyo de la cooperación internacional se está empujando también en este esfuerzo, específicamente, el Consejo Nacional para el Cambio Climático y el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes, presentaron una expresión de interés ante los Fondos de Inversión para el Clima (CIF) para aspirar a los fondos del Programa para la Descarbonización de la Industria, el cual, de ser aprobado, movilizaría importantes recursos para empujar ese proceso en el país.
Además, la industria nacional del cemento desarrolla programas permanentes de reforestación y recuperación de ecosistemas para preservar el patrimonio natural del país.