La vuelta de Trump a la Casa Blanca ha servido como escudo político para Israel y Washington se está involucrando de manera indirecta, pero muy cercana, en el conflicto con irán, interceptando misiles y drones iraníes y proporcionando apoyo logístico a Israel en el Golfo Pérsico.
Las señales que dio EE.UU. previo al ataque israelí evidencian que Washington tenía conocimiento de lo que venía, por ejemplo, Trump anunció el pasado 11 de junio, el retiro de todo el personal de su país en la región.
Aunque en principio Trump felicitó a Israel por el ataque y celebró la muerte de los altos mandos y científicos iraníes, llamando a Irán a volver a la mesa de negociaciones y amenazando con represalias si rechazaban negociar, en su conversación telefónica con Vladimir Putin se mostró de acuerdo con poner fin al conflicto. Como si eso fuese tan fácil.
Y mientras Israel intenta arrastrar a Washington a participar activamente en el conflicto, el ala pro-diálogo del Partido Republicano (y algunos círculos del Pentágono) muestran cautela pues creen que un golpe exagerado a Irán podría desestabilizar regiones críticas como el Golfo Pérsico y afectar a Arabia Saudita, Qatar y Emiratos Árabes Unidos.
Además, voces desde Teherán están amenazando con cerrar el estratégico Estrecho de Ormuz, por donde circula el 20% del petróleo y el gas natural licuado que se vende en el mundo.
Pekín y Moscú han mantenido una actitud de neutralidad activa, denunciando la catástrofe humanitaria en Gaza y ejerciendo presión para el diálogo entre Teherán y Tel Aviv, pero denunciando la ofensiva israelí como violatoria del derecho internacional.
China ha expresado reiteradamente su oposición a acciones unilaterales que suban la temperatura regional. Mientras que Rusia se abstiene de confrontar directamente a Israel, pero da asistencia técnica a Irán en defensa antiaérea.
La política de moderación y multilateralismo de ambas potencias busca mantener su rol como mediadores en un Medio Oriente convulso.
EE.UU., China y Rusia tendrán que emplearse a fondo para detener la escalada y evitar que empeore el ya turbulento panorama económico mundial.
Especialmente Pekín y Moscú deberán desempeñarse a fondo si EE.UU. quiere evitar que este conflicto empuje a Teherán, ahora sí, a emprender la fabricación del arma nuclear.