Egipto. Las negociaciones climáticas que se desarrollan en Sharm el-Sheikh, Egipto, en el marco de la cumbre del Cambio Climático (COP27), están marcadas nuevamente por la imposibilidad de que los países lleguen a un acuerdo para abandonar el uso del carbón como fuente de energía.
Pese a los avances logrados en el Acuerdo de París de 2015, el carbón, el más dañino de los combustibles fósiles por su efecto invernadero y sus consecuencias para la salud, sigue teniendo gran importancia comercial y geopolítica en el mundo actual, en pleno año 2022.
Ya en el pacto de Glasgow (COP26, 2021) hubo una fuerte resistencia a renegar del carbón, no solo India y Australia se opusieron a que se hiciera referencia a la necesidad de abandonar ese combustible como fuente de energía, varios países de Europa y EE.UU. tampoco lo intentaron demasiado y al final de las conversaciones sólo hubo referencias al metano, otro de los gases de efecto invernadero de alto impacto en el calentamiento global, pero que sólo representa el 17.2% de las emisiones globales de GEI, mientras que el Dióxido de Carbono (CO2) representa el 74% de las emisiones de gases de efecto invernadero.
Alemania, por ejemplo, que reactivará 27 plantas de carbón para 2024, no se ha expresado abiertamente, pero es obvio que no impulsará en esta COP27 una resolución que condene, prohíba o sancione el uso del carbón como fuente de energía, lo que sin duda tendrá un severo efecto en las concentraciones de carbono en la atmósfera terrestre y, por tanto, seguirá agravando el calentamiento global que causa el cambio climático.