Israel ha logrado avances militares sin precedentes tras asesinar a líderes de Hamás como Sameh al-Siraj, Sami Oudeh, e Ismail Haniyeh, responsable de la oficina de seguridad en el politburó, comandante del Mecanismo de Seguridad General y jefe de la diplomacia, respectivamente, además del jefe del gobierno en Gaza, Rawhi Mushtaha.
Además, Israel también logró eliminar a uno de sus enemigos históricos, el líder de Hezbollah, Hassan Nasrallah y varios de sus colaboradores más cercanos.
Estas victorias son engañosas, pues Israel no sólo recibió desde Irán el mayor ataque militar de su historia, sino que está perdiendo el apoyo de aliados clave como Francia, y el de la ONU, tras declarar “persona non grata” al secretario general, Antonio Guterres.
Y no olvidemos que la Corte Penal Internacional emitió en mayo una orden de arresto contra Benjamín Netanyahu y su ministro de Defensa, Joav Galant, por presuntos crímenes de guerra en Gaza.
Con los bombardeos israelíes sobre Líbano y la respuesta militar de Irán la situación sólo puede empeorar, pues su aislamiento regional se agrava y cada vez le será más difícil evitar agresiones a su territorio o intereses en el exterior.
De su lado, EE.UU. mantiene su apoyo a Israel, lo han reafirmado Kamala Harris y Donald Trump, y aunque Netanyahu deberá tener cautela tras la advertencia de Joe Biden contra cualquier ataque a la infraestructura nuclear iraní, ya sabemos que no es EE.UU. quien controla a Israel, sino al contrario.
En todo caso, no se vislumbra que haya ganadores en este conflicto, ya regional, pues las pérdidas humanas son de dimensiones catastróficas, los daños materiales tardarán décadas en recuperarse, la imagen internacional de Israel empeora cada día, EE.UU. está en el dilema de tener que apoyar a su principal aliado sabiendo que sus acciones violan el derecho internacional y humanitario, y la comunidad internacional está atada de manos ante la protección de Washington a Tel Aviv.
Todo son pérdidas. Probablemente, en un año ninguno de los involucrados en este conflicto haya logrado sus objetivos, y tanta muerte y destrucción no haya servido para nada más que recordarnos que la guerra es el peor invento de la humanidad.