Desde el inicio de la guerra en Ucrania (2022), Alemania ha experimentado un cambio radical en su política de defensa.
En 2024, “la locomotora económica de Europa” destinó 88.500 millones de dólares a gastos militares, un aumento del 28% respecto al 2023 que lo convierte en el cuarto país con mayor gasto militar del mundo, según el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz.
Este incremento ocurre en un contexto de presión por parte de EE.UU. para que los países de la OTAN aumenten su inversión en defensa, y lo eleven al 5% del PIB, superando ampliamente el objetivo actual del 2% que esas naciones se han trazado.
Aunque Alemania aún no ha alcanzado el 2% del PIB en gasto militar, las declaraciones del presidente Frank-Walter Steinmeier indican la voluntad de Berlín de asumir un papel más destacado en la defensa europea.
De su lado, el nuevo canciller (jefe de gobierno), Friedrich Merz, ha respaldado esta tendencia y propone un paquete de inversión en defensa e infraestructura de 500.000 millones de euros, con exenciones a los límites de endeudamiento para el gasto militar, es decir, apunta a que Alemania se endeude sin límites para adquirir equipamiento militar.
Hay que considerar que, en los últimos 15 años, el gasto militar de Alemania ha oscilado entre 1 y 1,5% del PIB, apenas en 2024 llegó al 1,9%, pero Donald Trump insiste en que debe llegar al 5%, lo que significaría elevarlo en un 150%.
Pero esto no sería tan preocupante si el comportamiento del electorado alemán no tuviera ya una década dándole más y más votos a los partidos conservadores y que coquetean directamente con la ultraderecha.
Friedrich Merz ha tenido preocupantes expresiones acerca de todo tipo de migrantes y refugiados, incluso tuvo que disculparse por afirmaciones acerca de los refugiados ucranianos, anunciando duras restricciones para ingresar a Alemania y abogando por la revisión del estatus de algunos extranjeros naturalizados, tal vez sean esas actitudes lo que explica que su elección no se produjera en primera votación, por primera vez en la historia democrática del país.
Mientras que los propios servicios de inteligencia alemanes han calificado a los seguidores del principal partido de oposición en este momento, Alternativa para Alemania (AfD) como «contrarios a la Constitución» y «caso seguro de extremismo de derecha» pues «la concepción étnica y basada en la ascendencia que prevalece en el partido no es compatible con el orden democrático básico ya que pretende excluir a determinados grupos de población de la participación igualitaria en la sociedad, someterlos a un trato desigual que no se ajusta a la Constitución».
No olvidemos que fue con ideas de ese tipo como comenzó la persecución y limpieza étnica contra los judíos hace poco menos de 100 años, aunque en este caso se trata de expresiones y concepciones contra los musulmanes.
Tengamos en cuenta que el partido AfD, que apenas se fundó en el año 2013 y ya hoy ocupa el 24% de los escaños en el Parlamento, es el que recibió diversas muestras de apoyo de Elon Musk, conducta por la que fue acusado de interferir en el proceso electoral bávaro.