Geopolítica

La tragedia en Gaza no tiene precedentes en este siglo

Antes de leer este artículo, sepa que quien suscribe rechaza el uso de la violencia para el logro de cualquier objetivo, por legítimo que este sea, por tanto, debe comprender que, para mí, la brutalidad, la violencia y el terrorismo no justifican que la respuesta del agredido sea tan violenta o aún peor, máxime cuando se afecta a personas inocentes.

Dicho esto, es evidente que desde el 7 de octubre de 2023 el mundo ha sido testigo de una ofensiva militar israelí en Gaza que no ha logrado sus objetivos estratégicos y, lejos de ello, está dejando un saldo devastador.

En palabras del primer ministro de Australia, Anthony Albanese, la situación en Gaza «ha superado los peores temores del mundo».

 

Según el Ministerio de Salud de Gaza (controlado por Hamás), más de 60,000 palestinos han muerto como resultado directo de los bombardeos y operaciones terrestres israelíes. Organismos internacionales y medios como Al Jazeera, The Guardian y Reuters, coinciden en la cifra. UNICEF estima que cerca del 70% de las víctimas son mujeres y niños.

De su lado, las Fuerzas de Defensa de Israel han reportado la muerte de entre 13,000 y 15,000 combatientes de Hamás. El dato no ha sido confirmado por organismos independientes y resulta difícil de verificar, aunque podría considerase “creíble” en los márgenes de inteligencia militar.

Según el think tank estadounidense Council on Foreign Relations, Hamás contaba con entre 20,000 y 30,000 combatientes antes del inicio de la guerra. Si se toma como referencia un número intermedio (25,000), y se acepta la estimación israelí de 15,000 combatientes muertos, esto implicaría que un 60% de la fuerza militar de Hamás ha sido neutralizada, lo que podría llevarnos a pensar que la operación israelí ha sido exitosa.

 

Es decir, que aun tomando como ciertas las cifras del ejército israelí, por cada combatiente muerto han sido asesinados 3,5 civiles, incluyendo más de 17 mil niños, casi 12 mil mujeres, personas mayores de 60 años, periodistas, rescatistas, trabajadores humanitarios (Ashraf Abu Nar, director de operaciones de la Defensa Civil, por ejemplo), etc.

Las cifras de otras organizaciones reflejan una realidad aún peor, pues si sumamos a quienes han muerto por la destrucción de los hospitales, ambulancias y toda la infraestructura sanitaria de Gaza, la cifra asciende a más de 336 mil personas muertas hasta finales de 2024.

En ese caso, la proporción entre civiles y combatientes muertos es brutal, pues serían 20 civiles muertos por cada miembro de Hamás asesinado por el ejército israelí.

 

Son estos datos los que explican las múltiples condenas en foros internacionales, incluido el Consejo de Seguridad de la ONU (con el infaltable veto de EE.UU.) y el Consejo de Derechos Humanos.

Esta desproporción apenas es comparable casi a cualquier otro conflicto desde el año 1900, de hecho, se estima que en la Primera Guerra Mundial murieron unos 10 millones de combatientes y unos 7 millones de civiles, dejando menos de un civil muerto por cada soldado caído.

Mientras que en la Segunda Guerra Mundial murieron unos 20 millones de militares y alrededor de 50 millones de civiles, una proporción de 2,5 civiles muertos por cada militar abatido.

 

El número absoluto de muertes, el Genocidio Armenio fue mucho mayor, mientras que el Genocidio en Ruanda tiene el record de mayor número de muertes promedio por día, con más de 4 mil asesinatos diarios. Además está el Genocidio de Darfur, en Sudán, que dejó unos 300 mil muertos en 7 años.

Sin embargo, por el grado de devastación urbana, desplazamiento forzado, destrucción sistemática de la infraestructura sanitaria en tiempo récord, bloqueo humanitario casi total y letalidad desproporcionada, Gaza es el caso más severo desde la Segunda Guerra Mundial. Por tanto, la tragedia en Gaza no tiene precedentes en este siglo XXI.

Ucrania en datos

En el caso de Ucrania, desde el inicio de la invasión rusa en febrero de 2022 hasta mediados de 2025, la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de Naciones Unidas estima que más de 30 mil civiles ucranianos han muerto como consecuencia de la guerra.

En cuanto a bajas militares, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski reconoció a principios de 2024 que habían muerto más de 31,000 soldados ucranianos, por lo que se estima, según las afirmaciones del propio gobierno de Kiev, que la proporción de civiles y militares muertos es de 1 a 1.

A esta cifra se deben añadir las bajas de contratistas militares extranjeros que operan en Ucrania, incluidos estadounidenses y europeos. Estimaciones del Instituto para el Estudio de la Guerra indican que, sumando contratistas, las bajas en el campo de batalla ucraniano superarían los 35,000 efectivos, lo que hace menor la proporción de civiles muertos por el conflicto.

Tanto Israel como Ucrania reciben apoyo político, además de armamento moderno y financiamiento militar de potencias extranjeras, pero con lógicas geopolíticas distintas.

Israel ha sido históricamente el mayor receptor de ayuda militar estadounidense. Según el Congressional Research Service, desde 1948 hasta 2024, Estados Unidos ha proporcionado más de 3 mil 800 millones de dólares por año en ayuda militar directa y gratuita, una cifra que supera el presupuesto total de 2025 de la ONU, al que EE.UU. aporta el 22% (unos 836 millones).

Además, desde el 7 de octubre de 2023 hasta el 30 de septiembre de 2024, EE.UU. entregó al menos 17.9 mil millones USD en ayuda militar a Israel, según Brown/Costs of War Project.

Otra fuente (Anadolu Agency) indica que el apoyo total llegó a más de 22 mil millones USD incluyendo operaciones militares en la región para proteger o apoyar a Israel hasta fines de 2024 y antes de la mitad de este 2025.

Además, EE. UU. ha transferido sistemas de misiles de defensa antiaérea (la llamada cúpula de hierro), aviones caza bombardero F-35, municiones guiadas y bombas de gran penetración, mientras que Alemania, Reino Unido, Canadá y Australia también han participado como proveedores militares, aunque en menor escala que Washington.

Toda esa ayuda ha sido clave en sostener la capacidad operativa de Israel en Gaza.

Mientras que, en el caso de Ucrania, EE. UU. ha aprobado más de 175 mil millones de dólares a través de las llamadas «leyes de asignación suplementaria» en asistencia total desde 2022, incluyendo paquetes de armas como sistemas HIMARS, misiles antitanques Javelin, tanques Abrams, drones y municiones de artillería de largo alcance.

La Unión Europea, a través del Fondo Europeo de Apoyo a la Paz, ha contribuido con más de 40 mil millones de euros adicionales, según datos de la Comisión Europea.

Además, países como Polonia, Alemania, Reino Unido, Canadá y los países bálticos han enviado armamento y vehículos blindados. Muchos contratistas militares estadounidenses operan también en territorio ucraniano como entrenadores, asesores o personal logístico.

Responsabilidad compartida

En ambos conflictos, los países proveedores de armas no puede desvincularse de las consecuencias humanas de la guerra, pues las armas suministradas por EE. UU. y sus aliados han sido fundamentales para repeler los ataques rusos en Ucrania y para asesinar a miles de civiles en Gaza.

Hay que recordar que antes del 7 de octubre de 2023, la Franja de Gaza era uno de los lugares con mayor densidad de población del mundo, con más de 9 mil habitantes por kilómetro cuadrado, casi igual que Nueva York y casi el doble que Londres.

Por ello, la ofensiva israelí en las zonas urbanas de Gaza, que ha destruido más del 60% de la infraestructura, hace que cada bala, bomba, misil o cohete disparado en el territorio palestino sea una herramienta de alto riesgo para los civiles.

El caso ucraniano es diferente, pues Ucrania, que contaba con 44 millones de habitantes antes del ataque ruso, actúa como Estado invadido en una guerra convencional que se ha transformado, incluso, en un conflicto por territorios.

Aunque, la prolongación del conflicto y la dependencia del armamento externo han convertido la guerra en un escenario de desgaste que ha cobrado un precio humano inmenso, tanto entre civiles como militares.

Por tanto, este análisis no pretende equiparar las guerras de Gaza y Ucrania, pues cada una tiene su contexto, legalidad y moralidad, pero sí pretende resaltar la necesidad de que la comunidad internacional examine, más allá de la geopolítica, las vidas perdidas, la ética del suministro militar, y la urgencia de soluciones duraderas y justas.

Las cifras, desgarradoras para cualquiera que cuente en su ser con un miligramo de humanidad, conduce a conclusiones aún más dolorosas: la determinación del gobierno de Israel de desplazar o conducir a la muerte a los más de dos millones de palestinos que viven en Gaza sólo puede ser detenida por la intervención del único gobierno en el mundo que ha manifestado abiertamente una voluntad de llevar el conflicto más lejos de lo que ha confesado el propio Benjamín Netanyahu.

Si, porque el plan de la administración de Donald Trump de convertir a Gaza en un destino turístico implica barrer definitivamente con toda la población del lugar y borrar, para siempre, la orden emanada de la propia ONU que en 1948 mandó a crear el Estado de Israel junto al Estado de Palestina.

Si ese hecho llegara a consumarse, la humanidad cargará con las consecuencias durante las próximas décadas y, quizás, por los siglos por venir, pues no olvidemos que la creación del Estado de Israel y el genocidio que estamos presenciando es consecuencia directa de la respuesta de Europa al Holocausto cometido por la Alemania Nazi en la Segunda Guerra Mundial.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *