Melissa ha dejado víctimas mortales en Haití, donde las lluvias también están causando inundaciones, deslizamientos de tierra y pérdidas en el sector agropecuario. La Dirección de Protección Civil informó que comunidades enteras podrían quedar aisladas por daños en carreteras y edificios.
La situación se agrava por el contexto sociopolítico del vecino país, que vive una crisis multidimensional marcada por la violencia de bandas armadas, desplazamientos masivos y precariedad sanitaria. Más de 1.4 millones de personas viven en campamentos improvisados, lo que dificulta cualquier respuesta efectiva ante desastres naturales y, por el contrario, hace más vulnerables a miles, tal vez cientos de miles de personas.
Aunque es evidente, siempre hay que recalcar que ser vecinos de Haití implica riesgos indirectos que no pueden ser ignorados por la República Dominicana.
El primer pensamiento que llega a la mente del dominicano promedio es el temor de que los desplazamientos internos en Haití se transformen en flujos transfronterizos hacia República Dominicana, presionando los servicios públicos y generando tensiones sociales.
Pero el riesgo en mayor si tenemos en cuenta, por ejemplo, que la falta de infraestructura en Haití siempre ha convertido a la República Dominicana en el punto de apoyo logístico para la asistencia internacional, con implicaciones económicas y diplomáticas.
Pero en lo que más importa, que es la salud, debemos considerar que las condiciones sanitarias precarias en los campamentos haitianos aumentan el riesgo de brotes de enfermedades que podrían cruzar la frontera, máxime cuando las copiosas lluvias e inundaciones suelen catalizar la aparición de enfermedades como el dengue y la leptospirosis.
Es por estas razones, entre muchas otras, que los especialistas no dejan de señalar que la vulnerabilidad climática de República Dominicana y Haití es compartida y, por tanto, más seria que la de cualquier otro Estado Insular en Desarrollo.