Evento brinda una nueva plataforma para que República Dominicana haga valer su voz
Este lunes arranca en Belem do Pará la COP30 sobre Cambio Climático, la cumbre que el presidente anfitrión, Luiz Inácio Lula da Silva, llama “La COP de la Verdad”, y para la cual ha fijado una agenda ambiciosa, y en gran medida urgente para países vulnerables como la República Dominicana (Melissa nos lo volvió a recordar), para que esta 30ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático no quede solo en discursos, sino que marque un punto de inflexión en la acción climática.
Desde el inicio de su presidencia de la COP30, Brasil ha definido sus prioridades con claridad: fortalecer el multilateralismo climático, conectar las negociaciones con la vida de las personas, y acelerar la implementación del Acuerdo de París.
El gigante suramericano insiste en que esta no sea una cumbre más de promesas, sino que “la COP de la Verdad” acelere la implementación, haciendo hincapié en la necesidad de traducir los compromisos climáticos globales en políticas concretas, decisiones legislativas y financiamiento estructurado y sólido a niveles nacionales y locales.
Brasil promueve que la acción climática se desarrolle sobre 6 líneas de acción: transición energética, gestión sostenible de bosques, océanos y biodiversidad, transformación de los sistemas alimentarios, resiliencia urbana e hídrica, infraestructura y catalizadores como financiamiento, tecnología y capacitación.
Estos ejes se integran bajo los principios generales de la mitigación, la adaptación a los efectos del cambio climático, y medios de implementación, para promover transformaciones sistémicas en la acción climática.
La presidencia brasileña de la COP también busca colocar en el centro del debate la amazonia como activo estratégico del planeta, no solo como zona vulnerable y víctima del cambio climático, sino que se le reconozca como un pilar esencial para la estabilidad climática global y como una fuente de desarrollo sostenible.
Desde esa óptica, Brasil impulsa la idea de una bioeconomía amazónica que aproveche responsablemente la biodiversidad y el conocimiento tradicional de las comunidades indígenas y locales, crear empleos verdes, promover innovación científica y fortalecer el papel de la región en el comercio de créditos de carbono, una visión sobre el patrimonio natural que puede servir de ejemplo para la República Dominicana.
El mensaje que envía Brasil es claro: la Amazonia no es solo un territorio que necesita ayuda internacional, es un espacio soberano que puede liderar soluciones climáticas, que atraiga financiamiento, tecnología y cooperación bajo condiciones de equidad pues, lo que ocurra allí afectará el clima, la seguridad alimentaria y la economía de todo el planeta.