Y así fue. Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Jordania participaron en la defensa de Israel derribando misiles y drones iraníes y en Washington, la Cámara de Representantes ya “aprovechó la colada” para aprobar un paquete de ayuda militar para Israel por 26 mil 400 millones de dólares, que los necesita con urgencia “para hacer frente a la amenaza iraní”, aunque todos sabemos que es para seguir aniquilando a los niños, niñas y mujeres en la Franja de Gaza.
Irán también ganó. El bombardeo israelí contra su consulado en Damasco encendió la indignación del pueblo iraní, siempre nacionalista y comprometido con la defensa de su país, les guste o no el sistema teocrático instaurado desde la Revolución Islámica de 1979 y encabezada por el Líder Supremo, Alí Jamenei, desde 1989.
También le ayudó a alejar al resto de las naciones árabes de una posible cooperación con Israel, pues nadie en Medio Oriente quiere ser enemigo de Irán en medio de un conflicto.
El gobierno iraní ganó además un poco más de unidad nacional, tan necesaria para Teherán después de las protestas de los últimos años por la muerte de las jóvenes Mahsa Amini (2022) y Armita Geravand (2023).
El único actor de esta telenovela que no saca partido de estos conflictos es Palestina. Una vez más, Estados Unidos usó su poder de veto en la entelequia que es el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas, para impedir que Palestina obtenga el reconocimiento como Estado.