La historia reciente demuestra que los acuerdos con Irán son posibles, pero requieren reconocer una realidad incómoda: ninguna de las partes obtendrá todo lo que quiere.
La ex vicepresidenta de la Comisión Europea y ex representante de la UE para Asuntos Exteriores, Federica Mogherini, explica en un reciente artículo que las negociaciones con Irán respecto a su programa nuclear requieren de conocimiento técnico y político-cultural sobre la nación persa que la delegación compuesta por J.D. Vance, Jared Kushner y Steve Witkoff están muy lejos de poseer.
Además, requieren de tiempo y paciencia para lograr concesiones reales a través de la confianza, una confianza que la Casa Blanca no ha intentado construir, pues en dos ocasiones han atacado a Irán en medio de las conversaciones, dañando profundamente la posibilidad de avanzar en algún acuerdo.
Y Mogherini habla desde la más fructífera de las experiencias, pues fue una de las principales artífices del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés), el acuerdo firmado en 2015 por EE.UU., la Unión Europea, Reino Unido, Francia, China, Rusia y Alemania con Irán, para limitar el programa nuclear iraní, un acuerdo que marchaba bastante bien y que Teherán estaba cumpliendo aún después de que el presidente Trump, en su primer mandato, lo abandonó unilateralmente.
Para ser viable, toda negociación deberá finalizar en puntos intermedios, que, en un caso hipotético, podría llevar a un acuerdo que limite de manera verificable el programa nuclear iraní, sin exigir su eliminación total.
En el mejor de los casos, EE.UU. podría lograr que se impongan controles al desarrollo de misiles iraníes, en lugar de su desmantelamiento absoluto, pero para avanzar en ambos frentes, debería acordar un alivio progresivo, creíble y efectivo de las sanciones y tendría que promover mecanismos multilaterales que garanticen la seguridad para el territorio iraní y en el estrecho de Ormuz, para lo que tendría que tener apoyo del Consejo de Seguridad de la ONU, lo cual tampoco parece viable en la realidad.
Un acuerdo así no sería una victoria total para nadie, pero reduciría significativamente del riesgo global.