Desde la formación de cada ciclón tropical, las instituciones nacionales dan seguimiento al nombre asignado, vemos su trayectoria dibujada en los mapas, se nos anuncia la fecha estimada de llegada al país y recordamos todo el protocolo asociado: niveles de alerta, albergues, suspensión de labores, boletines del Centro de Operaciones de Emergencias.
En pocas palabras, contamos con todo un guion para enfrentar las posibilidades del desastre.
Pero en los próximos meses, el país estará en el vértice de un nivel de riesgo que no tiene nada de eso. No tiene nombre, ni hay cono de trayectoria, ni hora de llegada o velocidad de desplazamiento.
Se trata de la superposición de tres señales científicas independientes: una global, una regional y una inmediata, que, leídas por separado, pasan como noticias de ciencia, pero que para la República Dominicana pueden significar la intensificación de algo “a lo que estamos acostumbrados”, pero ante el que no necesariamente estamos preparados.
Se trata del calor intenso como amenaza de desastre y en este artículo le propongo que comencemos a mirarlo y a prepararnos.
El pasado 26 de agosto, la revista científica de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia, Science Advances, publicó un estudio que encabezó Rosa Pietroiusti, de la Vrije Universiteit Brussel, y que analizó cómo el cambio climático antropogénico genera una desigualdad intergeneracional en la exposición al estrés por calor húmedo.
Este estudio revela que el 43% de niños y niñas de 0 a 9 años en todo el mundo, hasta 560 millones de infantes en ese grupo etario, sufren al menos un mes adicional de estrés térmico al año por el cambio climático de origen humano, casi el triple de los 190 millones (30%) de personas de 60 a 69.
Los investigadores se centraron especialmente en el calor húmedo, que es más peligroso porque limita la capacidad del cuerpo para enfriarse mediante la sudoración, lo que agrava el estrés térmico. Conviene precisar que el estudio define como día de calor peligroso para los niños aquel en el que la temperatura media supera los 28 grados centígrados, un promedio que Santo Domingo roza durante la mayor parte del año.
Otra pieza de este rompecabezas calórico es anterior, data del 17 de diciembre de 2025 y fue publicada por la revista Geophysical Research Letters, de la Unión Geofísica Estadounidense. Un equipo de la Universidad de Albany, el Graduate Center de CUNY y la Universidad de Puerto Rico reconstruyó más de cinco décadas de olas de calor extremo en el Caribe, de 1971 a 2025.
Sus autores identifican el calentamiento global y el fenómeno El Niño como los principales motores externos que intensifican estos eventos, elevando significativamente el índice de calor percibido por la población. A nivel físico, los autores determinan que el calentamiento diabático, impulsado por la radiación solar directa y la reducción de nubes, es responsable de la mayor parte de las anomalías térmicas en la región, especialmente en Cuba, Haití, Puerto Rico y República Dominicana.
Los investigadores insisten en que “los días de ola de calor estival han aumentado significativamente en todo el Caribe, con masas continentales más grandes como Cuba, la península de Yucatán (México), Haití, Puerto Rico y República Dominicana, mostrando las tendencias acumulativas más altas de 2 a 3 días por década”.
Al punto, que el total de días de ola de calor promedio en el Caribe aumentó drásticamente de 40 días en el periodo 1971–1995 a más de 120 días en el periodo 2001–2025.
Lo peor es que el índice de calor máximo durante estos eventos también está aumentando a un preocupante ritmo de 0.06 °C por año, lo que confirma hallazgos de investigaciones anteriores sobre el aumento de la temperatura en la superficie del mar en el Caribe, especialmente en las últimas décadas.
La tercera pieza hace que el coctel sea más peligroso, y es que el boletín estacional de la Organización Meteorológica Mundial del 31 de julio confirma que un episodio fuerte de El Niño se sigue intensificando y determinará las pautas climáticas del planeta al menos hasta octubre de este año, aunque la propia OMM sitúa el pico entre noviembre y febrero.
La suma de los estudios hacen prever una peligrosa combinación de calor húmedo intenso para los próximos meses.
EL MULTIPLICADOR
Los investigadores del estudio Climatology and Large-Scale Drivers of Extreme Heatwaves in the Caribbean: From 1971 to 2025, aislaron el efecto de El Niño sobre las olas de calor caribeñas y lo cuantificaron: las fases fuertes de El Niño elevan la temperatura de las olas de calor en torno a 2.5 °C y suman alrededor de 2.15 eventos adicionales por temporada en toda la cuenca caribeña.
Conviene detenerse a poner esas cifras en su justa dimensión, porque se superponen en lugar de sumarse.
Ese multiplicador fue calculado observando los “El Niño” del pasado, sobre una línea base más fría. Los 2.5 grados que aumenta la temperatura en las olas de calor previstas se montan sobre la tendencia de años y meses cada vez más calientes de las últimas cinco décadas.
Es decir, que El Niño que la OMM describe hoy no llega al Caribe de 1982 ni de 1997. Llega a una región caribeña que acumula medio siglo de calentamiento progresivo, con temperaturas superficiales del mar sostenidamente más altas y zonas urbanas saturadas de vehículos y cemento.
Son ciudades con las mismas o menos áreas verdes para refrescarse y con redes eléctricas cerca de la sobrecarga por un consumo creciente que se explica, en parte, por la refrigeración de hogares construidos para estar cerrados antes que para la ventilación natural.
Por eso, el episodio en curso no es cualquiera. La Organización Meteorológica Mundial había estimado en junio una probabilidad del 80% de que se instaurara El Niño entre junio y agosto y cercana o superior al 90% de que persistiera hasta noviembre. La actualización de julio elevó el diagnóstico a episodio fuerte en intensificación constante.
El Centro de Predicción Climática de la NOAA es aún más explícito: 81% de probabilidad de un El Niño muy fuerte entre octubre y diciembre, que se ubicaría entre los mayores del registro histórico desde 1950, con alta confianza de que persista hasta comienzos de 2027.
Dicho de otro modo: el multiplicador identificado por la ciencia está a punto de aplicarse sobre nuestra región del Caribe en su versión más agresiva sobre la base más caliente jamás registrada. En el próximo artículo abordaremos la pregunta que el país todavía no se ha hecho en voz alta: ¿sobre quién caerá con más fuerza esta fórmula calórica?
Oscar Alejandro Guedez es periodista, docente y consultor venezolano, analista internacional, especialista en comunicación estratégica con amplia experiencia en geopolítica, cambio climático y sostenibilidad.Ha sido Analista Internacional en el Programa Expreso Matutino de Radio Televisión Dominicana, es articulista del periódico El Caribe y del portal Prensa y Gente.Es asiduo analista internacional para Telemundo, Univisión y Russia Today.
Ha sido presentador de noticiarios en CDN Canal 37 y ha sido productor de varios espacios de radio y tv en República Dominicana.Se desempeñó como diplomático en la Embajada de Venezuela en Irán y fue Consul Interino en el Consulado General venezolano en Estambul, Turquía.En el ámbito del cambio climático, ha creado y liderado la implementación de Estrategias de Comunicación para el Consejo Nacional para el Cambio Climático y elaboró el Plan de Comunicación del Pacto Nacional para la Acción Climática de República Dominicana y elaboró el Plan de Comunicación de la Delegación de República Dominicana ante la COP27 (Egipto, 2022)Ha sido el responsable de comunicación de la delegación de República Dominicana en las Conferencias de las Partes de:
- 2021 (COP26)
- 2022 (COP27)
- 2023 (COP28)
- 2024 (COP29)Además ha participado en cumbres de alto nivel en África, América Latina y Medio Oriente.